
Hay viajes en los que llegar rápido importa poco. Recorrer España en moto permite precisamente eso: abandonar las autopistas, buscar carreteras secundarias y convertir el camino en una parte tan importante del viaje como el destino.
Y pocos países ofrecen tanta variedad en distancias relativamente cortas. En una misma escapada se pueden enlazar puertos de montaña, pueblos medievales, carreteras junto al Mediterráneo, valles verdes y pequeñas localidades donde vale la pena detener la moto y continuar a pie.
Desde los Pueblos Blancos de Andalucía hasta los Pirineos, Cantabria o las carreteras medievales de Cataluña, seleccionamos 10 rutas en moto por España especialmente atractivas por sus paisajes y por los pueblos que permiten conocer durante el recorrido.
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10 rutas en moto por los pueblos más lindos de España
No son itinerarios pensados para acumular kilómetros. Todo lo contrario: la idea es viajar despacio, desviarse cuando el paisaje lo merece y reservar tiempo para descubrir los pueblos.
Albarracín y los Montes Universales, Teruel
Pocas llegadas resultan tan espectaculares como la de Albarracín. La localidad aparece encajada entre montañas, con sus casas de tonos rojizos, calles estrechas y una muralla que trepa por la ladera.
Su casco antiguo está declarado Bien de Interés Cultural y conserva una fuerte huella medieval e islámica. Pero para quien viaja en moto, el atractivo comienza bastante antes de estacionar.
Una buena opción es partir de Teruel y avanzar hacia Albarracín para después internarse por los Montes Universales, combinando carreteras de montaña, pinares y pequeños pueblos. Desde Albarracín se puede continuar hacia lugares como Bronchales, Orihuela del Tremedal y Guadalaviar, dependiendo del tiempo disponible.
Lo mejor de la ruta: las curvas, los bosques y una de las localidades medievales más fotogénicas de España.
Zahara de la Sierra, Grazalema y Ronda, Andalucía
Si hubiera que diseñar una carretera pensando específicamente en un viaje en moto, probablemente se parecería bastante a las que atraviesan la Sierra de Grazalema.
Una de las mejores combinaciones enlaza Zahara de la Sierra, Grazalema y Ronda. Zahara aparece sobre una montaña junto al embalse del mismo nombre, coronada por los restos de su castillo. Desde allí, la carretera se interna en un paisaje mucho más montañoso hasta Grazalema, uno de los pueblos blancos más representativos de Cádiz.
El recorrido puede terminar en Ronda, donde espera el famoso Puente Nuevo sobre el Tajo. Lo mejor es no tener prisa. Las carreteras de esta zona ofrecen numerosos lugares en los que el paisaje invita a detenerse.
Lo mejor de la ruta: pueblos blancos, embalses, montaña y algunas de las carreteras más atractivas del sur de España.
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Potes y los Picos de Europa, Cantabria
En el norte, el viaje cambia completamente de escenario. Potes se encuentra en el corazón de Liébana, rodeado de montañas y atravesado por ríos y pequeños puentes. Su casco antiguo está declarado Bien de Interés Cultural y es una excelente base para explorar esta parte de Cantabria.
La llegada atravesando el desfiladero de La Hermida es uno de los grandes momentos del recorrido.
Desde Potes se puede continuar hacia Fuente Dé o buscar carreteras secundarias entre pequeños pueblos de Liébana, siempre con las montañas de los Picos de Europa dominando el horizonte. Aquí conviene dedicar menos atención al kilometraje y más al paisaje.
Lo mejor de la ruta: carreteras entre paredes de roca, pueblos de montaña y el espectacular entorno de los Picos de Europa.
Besalú y Castellfollit de la Roca, Girona
Esta ruta tiene dos protagonistas que parecen hechos para una fotografía. El primero es Besalú, una de las villas medievales más conocidas de Cataluña, a la que se accede por su inconfundible puente sobre el río Fluvià.
El segundo aparece de una forma todavía más inesperada. Castellfollit de la Roca está construido sobre un espectacular risco basáltico de más de 50 metros de altura.
Entre ambos hay apenas unos kilómetros, por lo que merece la pena ampliar el recorrido por La Garrotxa, una comarca de paisajes volcánicos, bosques y carreteras secundarias ideales para una escapada sin demasiadas prisas.
Lo mejor de la ruta: arquitectura medieval, paisaje volcánico y dos pueblos completamente diferentes a muy poca distancia.
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Santillana del Mar, Comillas y San Vicente de la Barquera, Cantabria
Hay una ruta en la costa cantábrica que permite combinar tres pueblos muy distintos en una sola jornada. Puede comenzar en Santillana del Mar, continuar hacia Comillas y terminar en San Vicente de la Barquera.
Comillas merece una parada especialmente larga. Además de su casco histórico, allí se encuentra El Capricho de Gaudí, una de las pocas obras del arquitecto catalán construidas fuera de Cataluña.
Después, la carretera continúa entre el mar Cantábrico, prados y pequeñas localidades hasta San Vicente de la Barquera. Con buen tiempo, es una de esas rutas en las que cuesta decidir qué mirar primero: el mar o las montañas.
Lo mejor de la ruta: costa, arquitectura, gastronomía y distancias cortas que permiten detenerse muchas veces.

Alquézar y la Sierra de Guara, Huesca
Alquézar es otro de esos pueblos cuya ubicación explica por sí sola el viaje. Se levanta sobre un paisaje rocoso en la provincia de Huesca, dentro del entorno de la Sierra y los Cañones de Guara. Su silueta medieval aparece dominada por la colegiata y rodeada de barrancos.
La zona ofrece numerosas carreteras secundarias que permiten combinar Alquézar con pequeños pueblos y miradores del Somontano.
Es una buena elección para quienes buscan una ruta en moto en España donde el paisaje tenga tanto protagonismo como las localidades visitadas.
Lo mejor de la ruta: cañones, carreteras tranquilas y una llegada espectacular a Alquézar.
Frigiliana y la Axarquía, Málaga
No todas las grandes rutas españolas necesitan grandes montañas. En Málaga, una excelente alternativa consiste en abandonar durante unas horas la Costa del Sol y subir hacia Frigiliana, con sus casas blancas, calles estrechas y pasado morisco.
Desde allí, en lugar de regresar directamente hacia el mar, se puede continuar explorando las carreteras interiores de La Axarquía, entre pequeñas localidades, cultivos y montañas.
La proximidad del Mediterráneo hace que el recorrido tenga además una combinación muy especial: en pocos kilómetros se pasa de la costa a un paisaje completamente rural.
Lo mejor de la ruta: clima mediterráneo, pueblos blancos y carreteras de montaña muy cerca del mar.
La Alberca y la Sierra de Francia, Salamanca
La provincia de Salamanca guarda una ruta muy diferente a las anteriores. El punto de referencia es La Alberca, conocida por su arquitectura tradicional de entramados de madera, piedra y balcones.
Desde allí se pueden recorrer las carreteras de la Sierra de Francia y enlazar localidades como Mogarraz, Miranda del Castañar y San Martín del Castañar.
Es una ruta particularmente atractiva para hacer sin horarios estrictos. Las distancias entre pueblos son pequeñas y buena parte del encanto está precisamente en detenerse en varios de ellos.
Lo mejor de la ruta: pueblos históricos muy próximos entre sí, bosques y carreteras serranas.
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Morella y el interior de Castellón
La llegada a Morella es difícil de olvidar. La localidad aparece elevada sobre una montaña, rodeada por murallas y coronada por un castillo. Es uno de los grandes destinos del interior de la Comunidad Valenciana y también un excelente punto de referencia para una ruta en moto.
El viaje puede ampliarse por las carreteras del Maestrazgo, buscando localidades pequeñas y paisajes cada vez más montañosos a medida que se abandona la costa mediterránea.
Para quien asocia la Comunidad Valenciana únicamente con playas, esta ruta muestra una cara completamente diferente.
Lo mejor de la ruta: la llegada a Morella, su castillo y las solitarias carreteras del interior.
Cudillero y la costa occidental de Asturias
Terminamos junto al Cantábrico. Cudillero es uno de los pueblos marineros más reconocibles de Asturias: sus casas de colores se distribuyen sobre las laderas que rodean un pequeño puerto.
Pero llegar, estacionar y marcharse sería desperdiciar buena parte del viaje. La costa occidental asturiana permite continuar por carreteras que alternan bosques, acantilados, playas y pequeños núcleos rurales. Una opción es combinar Cudillero con Luarca, convirtiendo el trayecto en una jornada completa junto al Cantábrico.
Es una ruta especialmente bonita cuando el objetivo no es cubrir muchos kilómetros sino ir descubriendo miradores y desviaciones sobre la marcha.
Lo mejor de la ruta: pueblos marineros, acantilados, gastronomía asturiana y carreteras verdes junto al Cantábrico.
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¿Cuál es la mejor época para recorrer España en moto?
Depende mucho de la región. Para las rutas de Andalucía y el Mediterráneo, primavera y otoño suelen ofrecer temperaturas más agradables y evitan buena parte del calor intenso del verano.
En las zonas montañosas del norte, Pirineos, Picos de Europa o Sistema Ibérico, el verano ofrece normalmente condiciones más favorables, aunque incluso entonces el tiempo puede cambiar rápidamente.
El invierno exige mucha más precaución en las rutas de montaña. Algunos puertos pueden verse afectados por nieve, hielo o restricciones temporales.
Antes de salir conviene comprobar siempre el estado actualizado de las carreteras, la previsión meteorológica y posibles cierres o restricciones de circulación.
Viajar en moto por España: el camino importa tanto como el pueblo
Estas diez propuestas tienen algo en común: podrían hacerse también en automóvil, pero la moto cambia completamente la experiencia.
Permite sentir las variaciones de temperatura al subir un puerto, percibir el olor de los pinares, detenerse con facilidad en un mirador y descubrir pequeñas carreteras que probablemente pasarían inadvertidas en un viaje pensado únicamente para llegar de un punto a otro.
España cuenta, además, con recorridos mucho más largos para quienes quieran convertir una escapada en un gran viaje. Uno de los más conocidos es la Vía de la Plata, que conecta Sevilla con Gijón a lo largo de más de 800 kilómetros y puede recorrerse en moto siguiendo principalmente la N-630 y la A-66.
Pero no siempre hacen falta cientos de kilómetros. A veces basta una carretera secundaria, algunas curvas y un pueblo que aparece de repente al otro lado de la montaña.
Porque en estas rutas, el lugar más bonito no necesariamente está al final del camino.
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