Famoso mundialmente entre los trenes turísticos que aún ruedan por el planeta, el Viejo Expreso Patagónico, también conocido como "La Trochita", es una reliquia viviente de una historia llena de aventuras, anécdotas y todo tipo de acontecimientos.
En la inmensidad de la estepa patagónica, atravesando los extensos territorios de Chubut, el trencito conocido mundialmente por las características del ancho de trocha, de 75 cm de ancho, cubre el servicio turístico entre Esquel y Nahuel Pan.
El sábado 10 de Septiembre, tras una espera de 40 días que demandaron las reparaciones y mantenimiento en la formación y en los rieles, la Trochita cargada de una fuerte emoción, arrancó la nueva etapa de lo que parece un viaje al pasado, con el sonido del silbato de la locomotora y la nube de vapor en que queda envuelto.
Rieles, vagones y una nube de vapor evocan los viejos sueños guardados en la memoria como inolvidables experiencias
La Trochita forma parte del patrimonio histórico y cultural de todos los argentinos, y en especial de los patagónicos, además de ser un ícono cultural de la región generando en la comunidad una sensación de pertenencia muy grande.
Fue en 1922 cuando se comenzó a diseñar el ramal de 75 centímetros de trocha (trocha angosta), motivado en el bajo costo del material a emplear, ya que era rezago que se vendía finalizada la Primera Guerra Mundial en Europa. En 1935 se iniciaron los trabajos de los primeros tramos de la línea y en 1941 La Trochita llegó a El Maitén, sede de los talleres del ferrocarril, que todavía están en funcionamiento.
Con sus máquinas Baldwin y Henschel, hacia 1945 se realiza el viaje inaugural que llegara hasta Esquel.
Turistas "Asaltados" en la excursión
Dos veces al año y en temporada alta, tanto de invierno como verano, se organiza con gente del lugar que se caracteriza para tal fin, un "asalto" emulando a los bandidos del siglo pasado que embestían contra el viejo expreso.
Hoy es un atractivo más para aquellos que contratan la excursión... y en medio del recorrido los maquinistas son obligados a detener el tren y dejar subir a los bandidos que interactúan con los pasajeros.